Pablo Neruda |

À åñëè ÿ óìðó, ïåðåæèâè ìåíÿ
Ñ òàêîé íåèñòîâîé è ÷èñòîé ñèëîé,
Íåèçãëàäèìûé âçãëÿä îò þãà ê Þãó áðîñü
Îò ñîëíö ê ñîëíöó ïóñòü òâîé ðîò çâó÷èò ãèòàðîé,
ß íå õî÷ó, ÷òîáû ñëàáåë òâîé ñìåõ.
Áóäü ðàäîñòüþ, îíà – ìîå íàñëåäñòâî
Íå ïðèçûâàé ìåíÿ. Ìåíÿ íà ñâåòå íåò.
Æèâè â ìîåì îòñóòñòâèè êàê äîìà
Îãðîìåí ýòîò äîì – îòñóòñòâèå ìîå,
 íåãî ñêâîçü ñòåíû ìîæåøü òû âîéòè
È â âîçäóõå ðàçâåøèâàòü êàðòèíû.
Ïðîçðà÷åí ýòîò äîì – îòñóòñòâèå ìîå,
Ìíå áóäåò âèäíî, êàê òû â íåì æèâåøü,
È åñëè â ãîðå, òî óìðó ÿ ñíîâà.
Ïàáëî Íåðóäà. «ÕÑIV»
Si muero sobrevíveme con tanta fuerza pura
que despiertes la furia del pálido y del frío,
de sur a sur levanta tus ojos indelebles,
de sol a sol que suene tu boca de guitarra.
No quiero que vacilen tu risa ni tus pasos,
no quiero que se muera mi herencia de alegría,
no llames a mi pecho, estoy ausente.
Vive en mi ausencia como en una casa.
Es una casa tan grande la ausencia
que pasarás en ella a través de los muros
y colgarás los cuadros en el aire.
Es una casa tan transparente la ausencia
que yo sin vida te veré vivir
y si sufres, mi amor, me moriré otra vez.
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